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Como empezar aburrido y terminar con diversión en dos sencillos pasos

Y las siguientes semanas fueron una especie de infierno, que con el tiempo se fue transformando en algo más soportable. Siguió intentando echarle, pero ya cada vez con menos ganas, principalmente porque se había dado cuenta que no iba a hacerle daño a su pequeño pez y porque según sus propias palabras, podría ser un bastardo de primera pero no tenía corazón para agarrarlo y dejarlo tirado en medio de la calle a unos cuantos kilómetros. Y conste que el gato hizo todo lo que un felino podía hacer para molestarle, regar pelo en toda su ropa (incluyendo el cajón de los calcetines, lo cual lo tenía entre pasmado e intrigado), orinarse nuevamente en la alfombra del baño (al menos hasta que compró la caja de arena), tirarlo todo al suelo y crear caos en su ordenada vida diaria, y encontrar alguna clase de oscuro placer en afilarse las uñas en la mochila y en la almohadilla de la silla. Pero bueno, había algunas cosas… buenas, se había aficionado en restregarse en sus canillas y a dormir en...

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